miércoles, 18 de mayo de 2011

Prioridades vs felicidad

Nos gastamos más de la mitad de la vida trabajando en pro de alcanzar nuestros sueños  pero por más de que nos esforcemos descubrimos  con el paso del tiempo que no hemos conseguido nada y que el índice de felicidad sigue exactamente igual o peor al momento en que  decidimos emprender  este precipitado proyecto, entonces nos sentimos sin ánimos de continuar con una frustración inmejorable  en conclusión nos sentimos fracasados entonces uno trata de largarse del lugar así terminamos huyendo de nosotros mismos sin darnos cuenta que por más de que corramos nuestro peor enemigo somos nosotros mismos y aunque podamos vivir huyendo toda la vida de nuestros enemigos y logremos escondernos tan bien hasta el punto de no ser encontrados, desafortunadamente cuando tratamos de huir de nuestros miedos terminamos por  huir de nosotros mismos, entonces irónicamente reconocemos que es imposible huir de nosotros mismos.
  
Terminando por reconocer que no queda de otra más que dejar de correr hacerle frente a la frustración y volver a comenzar, entonces en ese proceso de no construir una escalera tan larga hasta alcanzar nuestros sueños nos damos cuenta que siempre habíamos estado luchando en contra de la corriente no porque los sueños planteados carecieran de valor si no porque nunca  tuvimos en cuenta que para alcanzarlos  había que cumplir con ciertas prioridades y que por ende  al cumplirlas seriamos acreedores de un sueño realizado.

Entonces llegamos a la conclusión de que nunca tuvimos claras las prioridades en nuestra vida y que  obviamente nunca llegamos a actuar de forma acorde a las prioridades.

 Y es que son dos cosas totalmente diferentes. Una es tener las prioridades bien definidas y La otra, muy diferente, es comportarse  de acuerdo a estas prioridades.
http://www.youtube.com/watch?v=NiiOB7K88c4&feature=related

El ex presidente de Coca-Cola, Bryan Dyson habló sobre la relación entre el trabajo y los compromisos, y dijo: -“Imaginen la vida como un juego en el que ustedes hacen malabarismos con cinco bolas que arrojan al aire. Son: el trabajo, la familia, la salud, los amigos y el espíritu. Pronto se darán cuenta que el trabajo es una bola de goma. Si se cae, rebota. Pero las otras cuatro bolas: familia, salud, amigos y espíritu, son de vidrio. Si dejan caer una de esas, van a quedar irrevocablemente dañadas. Nunca volverán a ser las mismas.

De ahí que hay muchas personas que tienen muy claras sus prioridades por ejemplo la  familia pero a pesar de ser prioridad y de ser muy importante siempre en la práctica se ve relegada a un segundo plano o nivel de importancia donde la cumbre esta acaparada por el trabajo. Pues a pesar de que le gritan al mundo que lo más importante para ellos es su familia dejan que el trabajo los absorba de tal forma que aquello que valoran se va dejando, y dejando, y dejando... hasta que el daño ya es difícil de reparar.

Lo ilógico está en que la mayoría de las personas dicen tener claras sus prioridades sin embargo frecuentemente terminan violando su  código de prioridades.

Y es que estamos tan condicionados con que para acceder a algo valioso debemos siempre intercambiar o sacrificar una cosa por la otra, que no nos damos cuenta que no tenemos que sacrificar nada en nuestras vidas y que podemos tenerlo absolutamente todo. 

Todo depende de la actitud con que estemos dispuestos a enfrentarnos a la vida es por eso que las personas que alcanzan la felicidad y con ella cumplir sus sueños  No esperan que la vida les mande buenas amistades si no que las cultivan.

No esperan por buenas oportunidades económicas les lleguen si no que  las propician,  Tal vez no sea sencillo, pero todo comienza con sentirse responsable y dejar de echar culpas.
Es necesario  enfocarse  en la recompensa, no en el riesgo. Manteniendo siempre  la recompensa en  la mente y solo así lograra vencer cualquier obstáculo.

Y ahora que ya sabe que lo puede tener todo, lo invito a que no se conforme con nada menos que eso viva su lista de prioridades a plenitud.

martes, 3 de mayo de 2011

Consentimiento Menores De Edad





Cuando los individuos sean menores de edad o incapaces, la anuencia debe ser otorgada por los padres o el representante legal, condiciones que deben ser demostradas con la certificación de nacimiento o del tribunal que hubiere nombrado al representante (tutor o curador). El sujeto de investigación o representante legal recibirá una copia del consentimiento informado con la fecha y las firmas respectivas. Tras haber recibido y comprendido la información acerca de todos los procedimientos a realizar en el individuo. Sin embargo, cuando las condiciones del sujeto lo permitan, éstos, también pueden dar su consentimiento o negarse a participar en el estudio, después de haber recibido la información pertinente y adaptada a su tipo de entendimiento.


La atención en torno al papel del niño en la sociedad con el paso del tiempo en la sociedad ha ido tomando un matiz diferente  es así como en las  culturas primitivas la prioridad está centrada en la población anciana  ya que  es ahí donde se depositaban el sin número de tradiciones reflejadas en conocimiento  convirtiendo  al anciano en jefe religioso, político, moral y económico. En la Grecia clásica surge el primer cambio importante pues la atención es acaparada por la población en edad madura  siendo este el  ideal de  perfección física y moral.

Mientras que la infancia era  considerada como una etapa de imperfección y maduración. El niño no tiene entidad en sí, se le ve como un adulto en formación.


Y es a  finales del siglo XVII cuando cambia esta concepción, por tanto el  niño adquiere un grado sutil  de importancia  marcando el comienzo de una nueva época en donde los niños son el centro entorno al  cual se  empieza a organizar  todo.  


Sin embargo los   menores de edad todavía no adquirían la suficiente  importancia  como para empezar a desempeñar un papel protagónico pues  no tenían derechos como tal, sino que eran considerados “un bien” de los padres.

derechos en el papel


Fue entonces cuando las leyes liberales del siglo XIX rebajan la fecha de la mayoría de edad a los 21 años y de la emancipación a los 18. En el siglo XX se ha producido otro recorte en esta edad y también, se comienza a poner límites a la patria potestad de los padres. Y es que atendiendo a las teorías evolutivas de Piaget y Kohlberg consideran que la madurez y la conciencia moral se adquieren durante el proceso de maduración y no aparecen en un momento puntual como se determina legalmente (por ejemplo, los 18 años). Esto ha dado lugar a la teoría del “menor maduro”, en la que se reconoce la existencia de determinados derechos en los niños, en función del nivel de madurez observado. Todo esto ha llevado a que los  menores cobren autonomía y sean  capaces de tomar decisiones por si mismos  evaluando  las consecuencias, llegando a   manifestar abiertamente  sus decisiones y de forma excepcional en todo lo relativo a su salud pues ya no van a depender de sus padres y/o acudientes para definir el curso de su propia vida. Estos dos cambios en la visión de la infancia: la organización en torno al niño como un bien social inapreciable en el que se deposita  la esperanza de un futuro mejor  y el reconocimiento de la capacidad de decidir  tomando así la vocería acerca del futuro de su propia salud la salud y enfermedad, estableciendo el nivel de conciencia de cada niño en pro de su bienestar.

Obviamente que con esto no se desconoce el incansable papel de los padres    y/ o tutores quien quienes dedican su vida a la formación del niño y desde su experiencia de vida podrán ser una guía en el proceso de tomar una decisión adecuada sin embargo es de vital importancia  el que cada individuo sea capaz de decidir  libremente acerca de su salud, teniendo muy en claro el grado de madures intelectual de cada individuo  que en muchos casos no es directamente proporcional a la edad.