miércoles, 30 de marzo de 2011


PONERSE
EN EL  LUGAR  DEL OTRO





Pensamos que en la mayoría de ocasiones resulta demasiado difícil comprender a los hombres que nos rodean llegando a pensar que el genero masculino y que básicamente ellos nos cierran todos los caminos aptos en el proceso de entenderlos.

Y es que eso de que ellos son de Marte y nosotras de Venus, es totalmente  cierto, pues hasta la manera de pensar y  expresarnos son diferentes. De ahí que muchas veces llegamos a afirmar sin temor a equivocarnos que el entender a los hombres es una misión muy  complicada y prácticamente imposible.

Tal vez esta concepción sea fundamente  la causa de los evidentes problemas  de comunicación que a largo plazo se visualizan en la ruptura de bonitas relaciones que nos ah tomado años en construir.



La cultura influye de manera directamente proporcional a  la personalidad que conforme al paso del tiempo se ira forjando en cada individuo, es así como existen parámetros previamente preestablecidos a los que supuestamente cada género se deben acoplar sin embargo,  el libre albedrio de cada individuo se ha visto violado  generación tras generación, pues de forma involuntaria vemos como la sociedad y nuestros padres desde chicos crean una visión prefabricada  en sus hijos a los cuales no les queda otro camino que acoplarse a esto   porque de lo contrario sean considerados como inadaptados sociales.


Así se ira crenado dos  bombas  de tiempo en las que  todos cooperan por un lado la de la mujer a la que desde pequeña se le regala muñecas, se la viste de rosado y se le enseña que debe ser protegida por sobre todas las cosas,  por el contrario al hombre se le regala carros, se le enseña que él es el barón, el fuerte, el que debe tomar la iniciativa el líder  al que no le queda grande nada. Por eso es que a largo plazo esto desenfocara en una mujer  reflexiva guiada por sus sentimientos contrario a lo que va a ser el hombre pues él será el que actúa,  el líder fundamentado sobre todas las cosas en la razón. Eso está comprobado científicamente, pues generalmente el hemisferio izquierdo del cerebro (la lógica) es el que domina a los machos, lo que les dificulta el camino de expresar los sentimientos. Por lo mismo, los hombres son mejores oyentes que las mujeres, porque como no saben expresar sus emociones, escuchan mejor las de los otros.


Es por eso que a futuro vivimos la explosión de estas bombas de tiempo evidenciadas en una comunicación muy  quebrantada y es apenas natural pues desde chicos  nos formaron de maneras distintas y con objetivos distintos como si fuéramos dos mundos aparte marte y venus sin tener en cuenta que nuestra realidad es la tierra, de ahí que cada uno tira para su extremo, defendiendo a capa y espada su  ideología siendo incapaces de ponerse en el lugar del otro, al menos para amortiguar las consecuencias de sus actos  producto un egoísmo absoluto y  de una falta de tacto notoria al momento de actuar.


Ante esto debemos poner ambos bandos  de nuestra parte para construir una comunicación asertiva  que sirva como pilar para el fortalecimiento de nuestras relaciones y en si nuestro avance como seres integrales. Así resulta indispensable que  cada uno antes de discutir y poner pretextos se sacrifique un poco y se coloque en los zapatos del otro dispuesto a analizar las razones que este  haya tenido para actuar de x o y manera y la forma como a nosotros mismos nos gustaría que nos trataran. Es cierto que constantemente los hombres se quejan de nosotras por que damos muchas vueltas para decir algo simple, entonces la solución estaría en decir  brevemente lo que deseamos o nos incomoda tan solo utilizando tres frases pero asegurando la total atención de ellos. Debemos  ser más prácticas y ante un problema buscarle la solución no remontarnos a relacionarlo con problemas antiguos pues esto a los hombres solo va a aburrirlos y  obvio que con tanto enredo nadie entiende y más cuando el objeto de interés es un hombre que  desde chico fue prefabricado para ser un solucionador. Para ellos la comunicación tiene el propósito de dejar en claro algo, con el mínimo de palabras posible. Por eso es que ellos no ven la necesidad de decir continuamente que nos quieren o de declarar sus sentimientos, pues sienten que repiten la información. Es decir, si los sentimientos no han variado, ¿para qué volver a decirlos?. Si estamos dispuestas a esto disminuiremos las posibilidades de vivir un infierno al no tener comunicación  y  confianza con las personas que nos rodean que de otra manera solo podría llevar a la perdida permanente de lo que mas queremos.








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